sábado, 16 de febrero de 2013

Un hogar desamparado.

En este alarmante devenir de acontecimientos convulsos, entre renuncias de santos vivientes, ministros con vocación de cartero, bancos desamparados que, pobres de ellos, casi piden ser apadrinados, sacros monarcas herederos de generalísimos que son atacados por infames militares o civiles de toda ideología y líderes políticos que se esconden de la aletargada opinión pública, me gustaría devolver a vuestra conciencia y memoria un tema que se me antoja conscientemente apartado de la mente de la población, pero tan urgente que no sabría catalogar en una escala de importancia.
Me refiero a ese fenómeno desmentido por empresas petroleras, politizado por Al Gore e ignorado por los medios: el calentamiento global, y más genéricamente, al punto y final al que está llegando nuestro planeta. Hablo del agotamiento de nuestro mundo, del lastre de este capitalismo y de ese afán suyo por urbanizar y explotar que está llevando a la Tierra a la deforestación, a la sobre-explotación de los fondos marinos, a la total pérdida de biodiversidad, y un largo, muy largo etc. 

Y ligando con este tema me pregunto ¿por qué? ¿cómo hemos llegado a esto? a mi parecer hay una explicación muy sencilla: vivimos en un sistema que necesita, como si de una avalancha que va aumentando su tamaño mientras se desliza ladera abajo se tratara, devorar sin descanso todo lo que encuentra a su paso. Y lo hace porque ese es su sino, esa es la configuración que tiene como propia y ese es el mecanismo que lo perpetúa. Al igual que postulan (cínicamente) que mientras haya circulación de capital no habrá problema alguno (desde luego para la clase dirigente no lo hay, eso es cierto), los valedores de este sistema opinan que el productivismo basado en la extracción indiscriminada y sin control de los recursos generará por siempre trabajo y riqueza. Una teoría de desarrollo infinito en un mundo que posee una riqueza finita, y cuyo resultado es, pese a que suene hollywoodiano y apocalíptico, bien claro: Nuestro mundo se acaba, y dentro de poco no quedará nadie siquiera para arrepentirse. Hace algún tiempo vi un documental (dirigido por el prestigioso fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand) según el cual los científicos aseguran que de no modificarse la interacción humana con nuestro mundo probablemente en 10 años la situación podría no ser reversible. Y me apoyaré sólo en una minúscula recopilación de lapidarios datos:



-El 20% de la población consume el 80% de los recursos de la Tierra.
-La inversión en armas de cualquier país desarrollado es 12 veces mayor que las ayudas a países en vías de desarrollo.
-Cada día mueren 5.000 personas en todo el mundo por beber agua contaminada.
-Hay mil millones de seres humanos que no tienen acceso al agua potable y que padecen hambre aguda diariamente.
-El 50% del cereal cultivado en todo el mundo se utiliza para alimentación animal o la creación de biocombustibles.
-El 40% de las tierras cultivables del planeta están agotadas.
-Cada año desaparecen 13 millones de hectáreas de bosque.
-Uno de cada cuatro mamíferos, uno de cada tres anfíbios y una de cada ocho aves están en peligro de extinción, debido a que (ya sea por el cambio climático, por la caza indiscriminada o por el implacable avance de las ciudades) las especies animales se extinguen a un ritmo 1000 veces mayor al natural.
-Tres cuartas partes de los recursos pesqueros del planeta están agotados, en declive o a punto de estarlo
-La temperatura media de los últimos 15 años ha sido la más alta registrada jamás.
-La banquisa (la capa de hielo que se forma en las regiones polares en determinados momentos del año, y que sustenta y posee una de las mayores riquezas biológicas del planeta) ha perdido el 40% de su espesor en 40 años.
-Se calcula que antes de 2050 podría haber 200 millones de refugiados climáticos.

Y pienso sin embargo, que no es demasiado tarde. Nuestra perdición aún no está escrita. En Bangladesh un hombre tuvo un día la idea de crear un banco que sólo prestase dinero a los pobres, y ya ha cambiado la vida a cientos de millones de personas; muchos países iniciaron un proceso de elaboración de un Tratado que convierta a la Antártida, ese continente rico en todo tipo de recursos y que constituye uno de los mayores milagros de la Madre Naturaleza, en Patrimonio de la Humanidad, un patrimonio que será intocable para las ostentosas garras de algunos; el 30% del territorio de los continentes es ya parte de Parques Naturales; en Costa Rica, el gobierno suprimió el ejército y reinvirtió los anteriores gastos en educación, en la conservación de su selva primaria y en el ecoturismo; miles de ONG's en todo el mundo demuestran cada día que la fraternidad de los pueblos será siempre mayor que la avaricia de las naciones; tras la devastación sufrida por la guerra civil, el 67% del suelo de Corea vuelve a ser ya bosque, y el 75% del papel es reciclable; Gabón, uno de los mayores exportadores mundiales de madera, ha impuesto por primera vez la tala selectiva de árboles; muchos barrios de muchas ciudades de todo el mundo funcionan ya plenamente con energía solar.

Me atrevería pues, en vista a esto, a preguntar a esos adormilados individuos que se sientan frente al televisor para gozar de culebrones, realities y demás somníferos intelectuales, ¿por qué permitir que los oligarcas de la energía fósil sigan imponiendo un modelo de consumo que está convirtiendo nuestro mundo en una cámara asmática y sin salida, si existen alternativas comprobadas y sostenibles? ¿En qué planeta de este mundo no sopla el viento o no luce el sol? ¿Qué culpa tienen los cientos de miles de millones sufridos en todo el mundo durante todos estos años de los desmanes de unos pocos productivistas amorales, ambiciosos, egoístas y antiéticos? ¿Por qué han de pagar siempre justos por pecadores?

Ya es hora de que alguien ponga punto y final a los genocidios, al expolio y la pobreza controlada y provocada. Ya es hora de que se tome en serio a quienes intentan proteger el legado de nuestros padres, el futuro de nuestros hijos y el hogar de nuestros iguales. Ya es hora de que por una vez las palabras no se las lleve un viento que cada vez está más cargado de suciedad, muerte, hambre y desolación.

Porque la Madre Tierra no permitirá eternamente que se la continúe violando.